domingo, 2 de octubre de 2016

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El deseo


Ministerio de Justicia y Derechos Humanos - Servicio Penitenciario Federal

Marcos Paz, 2 de julio de 2013
Señor Juez Juan Pablo Salamanca
Juzgado Federal N° 3 de Morón, Provincia de Buenos Aires

El presente informe fue realizado en referencia a la causa N° 50004571/2013: Jorge R. Videla muerte dudosa, con el objeto de colaborar en la determinación de las circunstancias que rodearon la muerte del ex teniente general Videla en el Módulo 4 del Complejo Penitenciario II de Marcos Paz, el día diecisiete de mayo del corriente año.
La investigación en la que se basa el presente informe fue realizada entre los días diecisiete y veintiuno de junio del corriente año, habiéndose interrogado en carácter de testigos a los doce efectivos del Servicio Penitenciario Federal a cargo del mencionado Módulo así como también a trece de los dieciséis internos del penal que mantenían algún tipo de relación con el occiso, en su mayoría ex compañeros de armas del mismo. Los tres internos restantes no pudieron ser interrogados debido a que se encontraban fuera del penal, uno, el ex coronel Ignacio Venturini, internado en el Hospital Militar en sala de terapia intensiva y los otros dos, el ex teniente coronel Benjamín Guastavino y el ex mayor Sergio Nicolás Torrado, convocados ambos para comparecer en juicios por crímenes de lesa humanidad en las provincias de Mendoza y Tucumán, (se adjuntan al presente los correspondientes certificados que dan cuenta de la situación de los mencionados Venturini, Guastavino y Torrado).
Cabe aclarar que todas las actuaciones realizadas para dar curso a la presente investigación han sido registradas en material fílmico y todo el material obtenido, junto con las correspondientes desgrabaciones, obran en poder de la fiscalía.
Se detallan a continuación las circunstancias relevadas:
Tal y como obra en el informe médico del doctor Jorge Alberto Domínguez,  Videla fue encontrado por el Ayudante de 4ta Jorge Canosa, sentado en el inodoro de su celda en la mañana del diecisiete de mayo del corriente año, inconsciente, sin pulso ni reacción pupilar. Inmediatamente se convocó al personal médico de la unidad, presentándose el mencionado doctor Domínguez junto al enfermero Juan Carlos Cossio, quienes procedieron a realizar un ECG a Videla, sin resultado alguno, constatándose el óbito del interno siendo las ocho horas veinticinco minutos.
En base a los interrogatorios realizados, ha sido posible reconstruir que previo a la muerte de Videla pudo constatarse, por parte del personal que cumple servicio regular en el Módulo, que el interno había sido aislado por el resto de sus compañeros, no pudiéndose obtener información fidedigna de las razones de esta situación. En un principio, supusimos que el personal había tomado este aislamiento como algo normal dada la situación de estrés que enfrentan todos los internos por las numerosas causas judiciales que los tienen aún como acusados. Intentando obtener mayor información sobre este aparente aislamiento al que había sido sometido Videla, se procedió a interrogar primero a los dos internos cuyas celdas se encontraban a ambos lados de la del occiso, los ex capitanes Jorge Carvallo y Ricardo Fraticce, no obteniendo de ellos ninguna información útil al respecto. Ambos internos habían estado bajo las órdenes de Videla, cuando éste estaba en actividad, situación que nos llevó a conjeturar que quizás mantenían una relación distante con él debido a hechos que pudieran haber ocurrido con anterioridad a sus respectivos procesamientos y condenas. Esta presunción se fortaleció al revisar las actuaciones realizadas por el personal días antes de la muerte de Videla en las que se registran reiteradas quejas de ambos internos con respecto a las condiciones de higiene de la celda del occiso y por un supuesto olor nauseabundo que se desprendía tanto de dicha celda como de las ropas de Videla. Vueltos a interrogar ambos internos sobre estas denuncias manifestaron que ya habían olvidado esas quejas, restando importancia a las mismas. No obstante, en el libro de guardia del módulo pude encontrar no solo las denuncias realizadas por los dos internos y por un tercero no identificado sino también un detalle de dos procedimientos realizados por personal penitenciario a fin de higienizar la celda de Videla y proporcionar nuevas ropas al interno a causa de lo que se detalla como “un extraño olor a podrido, no pudiéndose precisar si el mismo provenía de la celda del interno o de sus ropas” (se adjuntan fotocopias de las páginas del libro de guardia en las que aparecen las actuaciones mencionadas). Luego de este procedimiento puntual no se vuelve a mencionar el tema de los olores en los libros de guardia, al menos durante los meses de abril y mayo del corriente año).
Cabe aclarar que tanto el personal del Servicio Penitenciario Federal como los internos interrogados, todos se manifestaron con sumo respeto por la figura de Videla, a quien se refirieron en todo momento haciendo mención de su antiguo grado militar (a pesar de que este grado le fuera retirado por la justicia penal) o bajo el apelativo cariñoso de “el viejo”. Al ser interrogados por esta supuesta contradicción entre el respeto que aún les infundía Videla y la situación que indicaba que todos ellos, tanto los efectivos del Servicio Penitenciario Federal como los internos del Módulo, se habían alejado de Videla sumiéndolo en una situación de aislamiento que podría haber empeorado su estado de salud, las respuestas obtenidas no fueron concluyentes. En general simplemente los interrogados negaron haberse alejado de Videla por algún motivo en especial, simplemente porque les resultaba incómodo mantenerse en su cercanía. Según el libro de guardia, incluso, los últimos días de vida Videla prácticamente no salió de su celda y, cuando lo hizo, se mantuvo alejado del resto de los internos.
Como obra en el certificado de defunción correspondiente, la causa de la muerte, según la autopsia, fue un paro cardíaco derivado de las lesiones y fracturas que habría sufrido el interno, cinco días antes, tras caerse mientras se duchaba.
Con respecto al episodio de la ducha también se pudieron constatar algunas situaciones extrañas en base a las manifestaciones de los interrogados y al informe elaborado por el personal interviniente (se adjunta al presente). De acuerdo a la información recabada, el accidente habría ocurrido cinco días antes del deceso, más precisamente el día doce de mayo a las nueve de la mañana y Videla habría permanecido durante unos cinco minutos caído en las duchas sin que ninguno de los internos se le acercara. Recién cuando el ayudante de 3era Adrian Callau, a cargo del control de los internos en ese momento, les solicitó que ayudaran a llevar a su celda a Videla cuatro internos aceptaron hacerlo. Entre ellos estaban los mencionados Carballo y Rádicce, más dos internos que no fueron identificados. Interrogados Carballo y Rádicce acerca de por qué no ayudaron a Videla sino después de ser instados por Callau ambos manifestaron que no se les ocurrió aunque, luego de reiterar la pregunta Rádicce hizo mención nuevamente al olor nauseabundo que en ese momento parecía provenir del cuerpo de Videla, situación atribuida por Rádicce al hecho de que el accidente quizás le hubiera hecho perder el control de sus esfínteres. Sin embargo, nada de esto aparece en el informe médico redactado luego del accidente.  
Cabe agregar que en el ya mencionado informe de la autopsia, también se hace referencia a un cierto olor penetrante, sumado a la situación de que al realizarse el procedimiento exploratorio habitual en este tipo de prácticas se constató un avanzado estado de deterioro de sus órganos internos no compatible con el tiempo transcurrido entre la constatación de la muerte y el procedimiento de la autopsia. En principio esto llevó a sospechar a los responsables de esta investigación que quizás el óbito de Videla se hubiera producido algunas horas antes de lo indicado por el informe del doctor Domínguez,  pero luego de consultar al personal interviniente en la autopsia, doctores Juan José Saragoza y Claudio Tomasini, se eliminó esta presunción ya que ambos profesionales manifestaron que el grado de deterioro (“putrefacción” fue la palabra utilizada) de los órganos internos de Videla era más bien compatible con una muerte producida al menos dos semanas antes de la autopsia. Por esta razón también se buscó en la sangre y vísceras del occiso la presencia de sustancias químicas de algún tipo que pudieran producir este deterioro (según manifestaciones de los profesionales entrevistados algunos venenos de víbora pueden producir reacciones semejantes), no encontrándose rastros de ningún tipo de sustancia extraña más allá de los analgésicos y anticoagulantes que se estaban administrando a Videla al momento de su muerte, no pudiendo de manera alguna estos provocar semejante reacción.
Finalmente se interrogó al sacerdote Cristian Alejandro Vernier (que durante los primeros días de esta investigación se encontraba realizando un tratamiento en el Hospital Militar), el cual además realiza en el pabellón tareas como sacerdote católico (ya que aún mantiene su jerarquía eclesiástica, según él mismo manifestó), siendo el confesor de Videla y de otros internos que profesan esa religión. Vernier, durante su exposición, manifestó que el estado mental del occiso se había alterado desde hacía un par de semanas en razón de recibir ciertas cartas anónimas que parecían haberlo afectado seriamente. Dichas cartas fueron encontradas entre las pertenencias de Videla y analizadas luego para detectar si en las mismas se encontraban rastros de alguna sustancia que pudiera haber coadyuvado a generar la situación referida en este informe, sin detectarse ningún tipo de sustancia extraña ni la presencia de huellas digitales que pudieran ser identificadas a partir de los registros existentes en los archivos de la Policía Federal Argentina. Las mencionadas cartas son firmadas por “tus víctimas” y el texto, en todos los casos, es siempre el mismo: “Nuestro único deseo es que te pudras en la cárcel”. Salvo la mención específica del sacerdote Vernier no logramos obtener otro testimonio que hiciera referencia a estas cartas (las cuales se adjuntan a la presente investigación). Cabe aclarar que la última de estas cartas está fechada el día dieciséis de mayo, víspera de la muerte de Videla, no habiéndose recibido en el penal nuevas cartas a partir de esa fecha.
Quedando a disposición del juzgado para corregir o ampliar cualquier información vertida en el presente informe que resultare confusa o incompleta, se da por finalizado el presente informe.
Será Justicia.


Mariano Cordazo                Juan Carlos Niño
   Oficial Adjutor              Oficial Adjutor Auxiliar

viernes, 30 de octubre de 2015

Se murió la Canela


–Que tristeza hermana... ¿Cómo están las nenas?
...
–Me imagino... Y bueno, ya estaba viejita la pobre.
...
–Me acuerdo. Carlos la trajo cuando nació Agustina y ya tenía sus añitos...
...
–Y sí... No viven mucho tiempo.
...
–Yo por eso prefiero no traer ninguna a casa. Sí, porque los chicos se encariñan y después hay que andar explicándoles.
...
–¿Vas a traer otra? ¿Te parece?
...
–Pero no hace falta meterla en tu casa. Hacé como yo: que vaya, planche, limpie, te prepare la comida y se vaya.
...
–Es mejor así. Por las nenas ¿viste?

miércoles, 28 de octubre de 2015

Tío Fermín

Tío Fermín siempre fue un rebelde. Por eso cuando no se quiso dar por enterado de que había muerto, ninguno en la familia se asombró demasiado.
Fue un velorio animado. El tío charlaba y tomaba café en el patio como uno más de sus deudos, venidos algunos desde pueblos muy lejanos. Bastaba esperar la llegada de un nuevo visitante, verlo acercarse al ataúd vacío y volver a la sala con cara de sorpresa, para que todos los presentes soltáramos las carcajadas. Después, alguno de los familiares más cercanos explicaba al recién llegado la situación; porque el tío, fiel a sus principios, se negaba siquiera a mencionar el tema de su reciente pase a la posteridad. Fue divertido sí, aunque por la mañana hayamos tenido que ponernos serios y enterrar al tío Fermín a la fuerza.
Un buen rato después de que taparan el hoyo todavía se escuchaban sus gritos.